Evolución técnica y preparación integral
“Si miramos atrás, lo primero que salta a la vista es que el nivel atlético de los volteadores ha mejorado muchísimo. Son más fuertes, entrenan más y tienen una técnica mucho más depurada. Lo mismo sucede con los caballos: hoy son más cadenciados, potentes e impulsados.”
Los volteadores actuales, explica, se preparan de manera muy similar a gimnastas o bailarines: cuidan la alimentación, entrenan la parte artística, practican en simuladores mecánicos y trabajan tanto el cuerpo como la mente. “La gestión de la frustración y del estrés es clave, y cada vez se trabaja más desde los planes de tecnificación de las federaciones. Una buena ejecución no depende solo de la técnica, sino también de la serenidad y la capacidad de adaptación. El caballo es un ser vivo: puede reaccionar de forma inesperada, y en décimas de segundo el volteador debe adaptarse.”
La elección del caballo
“También ha cambiado la forma de elegir al caballo. No se valora solo la morfología, sino sobre todo el temperamento: que sepa escuchar, que mantenga la calma incluso en contextos exigentes. Su entrenamiento y su alimentación se cuidan tanto como los de los deportistas, con rutinas variadas: doma, trabajo pie a tierra, paseos… Es un atleta más del equipo.”
Juzgar: objetividad con sensibilidad
“Evaluamos muchos criterios en muy poco tiempo: técnica, expresión artística, rendimiento del caballo, ejecución general. Es un trabajo complejo que requiere formación continua”, explica Teresa.
Pero, más allá de la técnica, lo que mueve a Teresa es la pasión: “El volteo tiene un componente emocional único. Es arte, es conexión, es confianza, es armonía con el caballo. Es difícil de explicar con palabras, pero quien lo vive lo reconoce inmediatamente.”
A los jueces que empiezan, les deja un consejo: “Que no pierdan la ilusión ni las ganas de aprender. Que no dejen que la presión les haga olvidar por qué empezaron. El volteo es un deporte de equipo, diferente a cualquier otro. Hay complicidad, apoyo mutuo, alegrías y tristezas compartidas. Hay que tener paciencia. Cada uno tiene su ritmo. Crecer lleva tiempo, juzgar lleva práctica. Y, sobre todo, no hay que perder la conexión con el deporte, porque sin ella se pierde la evolución”.